Un día, paseando por el Montgó, nos hicimos una pregunta:

¿Pueden las cenizas de incendios pasados evitar nuevos fuegos?

Nosotros creemos que sí. Por eso recogimos cenizas de tres incendios causados por imprudencias y volvimos al Montgó para convertir las cenizas en pinturas de guerra.

Y dimos la cara contra los incendios.

Las cenizas se convirtieron en nuestro grito de guerra.

 

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